ADOLFO SUÁREZ ES INVESTIDO PRESIDENTE DEL GOBIERNO Celebradas el 1 de marzo de 1979 las segundas elecciones generales en España desde la llegada de la democracia, la UCD de Adolfo Suárez volvía a ganar, aunque no alcanzaba la mayoría absoluta en el Congreso. El Rey, tras la consulta con los líderes políticos, designó candidato a la presidencia del Gobierno al político de Cebreros y artífice de la transición.
29 mar 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Jurídicamente no era necesario que, una vez aprobada la nueva Constitución, en diciembre de 1978, Adolfo Suárez dimitiese como presidente del Gobierno y se convocasen nuevas elecciones, pero políticamente sí que resultaba conveniente, ya que la UCD había estado sometida desde junio de 1977 a un deterioro superior a lo habitual, pues no sólo tenía que gobernar, sino que también debía llevar a cabo la transición en medio de un ambiente político, económico, social y, sobre todo, militar bastante convulso. Suárez, además, creía seguir contando con el voto de una mayoría de los españoles (ningún gobernante llama a las urnas si no espera salir ganador), como en efecto así sucedió en las elecciones generales del 1 de marzo de 1979, pues la UCD obtuvo 167 escaños, frente a los 121 que consiguió el PSOE. Con estos resultados, a Suárez le bastaban los nueve diputados de la Coalición Democrática (futura Alianza Popular) de Manuel Fraga o los cinco del Partido Socialista de Andalucía de Rojas Marcos para tener una mayoría suficiente en el Congreso, pues al manifestar Herri Batasuna que no concurriría al «Parlamento de Madrid», la mayoría necesaria era menor. El PSOE lo tenía mucho más difícil, ya que su partido afín, el PCE, tenía 23 diputados, y los próximos CiU y PNV poseían 9 y 7 respectivamente. De ahí que las visitas a la Zarzuela de los líderes políticos (Felipe González, Santiago Carrillo, Manuel Fraga, Jordi Pujol, Carlos Garaikoetxea, Rojas Marcos...) fueran meramente protocolarias. Una vez designado por don Juan Carlos, Suárez obtuvo la mayoría (Coalición Democrática y PSA votaron a favor) en la sesión de investidura celebrada en el Congreso. Una sesión con polémica, en la que Suárez se negó a someterse a un debate abierto de su programa con réplicas y contrarréplicas de los otros grupos antes de la votación. La crispación fue tal que el diario El País dijo en un editorial de Landelino Lavilla, presidente de Cámara baja, que era «el monaguillo de Suárez». Adolfo Suárez juró su cargo ante el Rey el 2 de abril siguiente y nombró inmediatamente su Gobierno, que sería definido por el cáustico Vázquez Montalbán como «de amiguetes y amigos de los amiguetes». En el nuevo Ejecutivo destacaba sobre todo el nombramiento, por primera vez desde la guerra del 36, de un ministro de Defensa civil, que fue Agustín Rodríguez Sahagún, aunque el general Gutiérrez Mellado continuase como vicepresidente para Asuntos de la Defensa. También otro militar, Ibáñez Freire, ocupó la cartera de Interior. Entre las bajas del gabinete anterior hay que citar a Martín Villa, Abril Martorell y Fernández Ordóñez. Meses después, Suárez, en unas declaraciones al diario mexicano Excelsior, manifestaría que «el Gobierno está cumpliendo su programa y, además, gobierna con pulso seguro».