¿Envidia?

OPINIÓN

SALGO de viaje con ganas. No me apetece, sin embargo, meterme en dos aviones y demorarme un total de dieciséis horas entre vuelos y aeropuertos y taxis. Nada. Tampoco quiero ni pensar en lo sonado que estaré hoy todo el día, en cuanto llegue. Y no digamos a la vuelta, donde los desmanes del cambio de horario hacen aún menos llevadera la pila de papeles y asuntos pendientes que engendra una semana alejado de la mesa. Las veinte horas que pasaré de pie, dando clase, van a sentarle mal, muy mal, a mi espalda. Por eso no sabía dónde se generaban esas ganas de viajar que digo en la primera frase. Hasta que caí en la cuenta: se generaban en los pulmones. Quiero darme una vuelta por ahí, pese a todo, para respirar. Para poder decir lo que piense a quien quiera sin que se me clasifique en automático como «de los nuestros» o «de los otros». No vivo ahí, en esa esquizofrenia en la que la mayoría del país parece haberse instalado y que impide razonar si no es con clichés y apriorismos mucho más irracionales e infantiles -dónde va a parar- que los futbolísticos. Así que me voy a destrozar más el esqueleto en asientos de clase turista y en interminables horas de clase. ¿Envidia? pacosanchez@lavoz.es