Políticos de dos versiones

| GERARDO G. MARTÍN |

OPINIÓN

CUATRO décadas, más de cuarenta años perdidos; más, derrochados. Es el tiempo que llevo siguiendo la evolución de Celulosas de Pontevedra en origen, Ence hoy. Me establecí en la ciudad del Lérez en la fase de montaje de la industria, cuando sus defensores miraban para otro lado y decían «huele a dinero», pero lo cierto es que olía a pestes. Un período que, con el franquismo rampante, evidentemente no generó un conflicto de las dimensiones del que luego se ha mantenido latente a lo largo de muchos años. Ahora, nuestro presidente, el de la Xunta, actúa como ese político medio español, ese prototipo de hombre público que cuando habla siempre necesita dos versiones, como el cine de antaño. Primero declara en Argentina que las celulosas no contaminan y que el traslado de Ence de Pontevedra se debe a razones urbanísticas, y luego matiza que el cambio de emplazamiento de la factoría está motivado por la necesidad de salvar las barreras al desarrollo urbanístico, ambiental y turístico. Perplejo de la perplejidad que aqueja a cualquiera que siga las declaraciones de Pérez Touriño, de su Gobierno, y también del Ejecutivo que parece ser más de Anxo Quintana que de él mismo, confieso que en cuatro décadas el único argumento para trasladar Celulosas que no conocía es, precisamente, el que ha empleado al presidente. Supongo que lo ha hecho con la loable intención de defender la expansión de una empresa española, pero olvidándose del conflicto de su propio país con la misma sociedad. Nos hartan de referencias al mundo globalizado y no pierden las viejas mañas de los tiempos de la diligencia, cuando era posible decir a en un lugar y b en otro a mil kilómetros de distancia y nadie se inmutaba, por ignorancia. Aunque éstos han llegado al súmmum e incluso hacen declaraciones contradictorias prácticamente sobre el mismo escenario, y con diferencia de horas. Son tantos y lo hacen tantas veces que el suyo terminará por ser el comportamiento normal. Sobre todo si nos dejamos.