La primera «pelea del siglo»

PASTOR LÓPEZ

OPINIÓN

Hace 35 años, un día como hoy, muchos españoles pusimos el despertador a las cuatro de la madrugada para encender el televisor y ver uno de los combates del siglo. Se disputaba el título del mundo, en versión unificada, de los pesos pesados entre Mohamed Alí, el aspirante, y Joe Frazier, entonces campeón, en el Madison Square Garden, de Nueva York.

07 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

El combate no defraudó a nadie. El Madison Square Garden, absolutamente abarrotado de público, con un reportero de excepción en la figura de Frank Sinatra, accidentalmente fotógrafo para la revista Life, enmudeció cuando con un tremendo gancho de izquierda, en el decimoquinto asalto, Frazier derribó a la lona a Cassius Clay y se proclamó campeón del mundo. La pelea fue muy dura, dadas las diferentes características técnicas de ambos púgiles. La elegancia, la inteligencia, la esquiva de uno contra la potencia física, la pegada y la fortaleza del otro. El público y la opinión estaban divididos, pero subyacía el deseo de ver a Clay recuperar el título que las autoridades le habían retirado cuatro años antes. Eso, a pesar de que tenía muchos detractores por su forma despectiva de tratar a los rivales, a los que bautizaba con motes: Oso Feo (Sonny Liston), la Momia (George Foreman), Drácula (Leon Spinks), Cacahuete (Larry Holmes), el Conejo (Floyd Patersson), la Bestia (Oscar Ringo Bonavena) y a Frazier, el Gorila. Este combate se repitió en dos ocasiones más con claras victorias de Mohamed Alí, que en 1974 tumbó en el decimocuarto asalto a Frazier y prácticamente hizo que éste abandonara el pugilismo. No cabe duda de que la gran figura mediática del boxeo de todos los tiempos fue Mohamed Alí o Cassius Marcelus Clay, que marcó un punto de inflexión en la forma de entender y ver el arte del pugilismo, sobre todo en una categoría que, con la excepción de Joe Louis, se había caracterizado por la fuerza, la inmovilidad, la pegada y la resistencia frente a la inteligencia, la esgrima, los desplazamientos y la estrategia de pesos como el medio, que hasta ese momento se consideraba la categoría reina. Alí fue un ídolo no sólo por sus virtudes excepcionales como boxeador. Su negativa a ingresar en el ejército y a acudir a la guerra de Vietnam por objeción de conciencia en su condición de musulmán supuso que durante cuatro años se le retirara la licencia, en un pulso contra el Gobierno de EE.UU. que el propio Tribunal Supremo anuló en 1970. Cassius Clay sigue siendo en la actualidad, pese a su grave dolencia (no consecuencia de la práctica del boxeo), un personaje entrañable y carismático. Su condición de boxeador, con el esfuerzo y el rigor de una práctica deportiva que exige lo máximo a sus practicantes, lo ha dotado de una enorme autodisciplina que le ha permitido luchar valerosamente contra las dificultades. Hoy es un auténtico embajador mundial de la lucha contra la cruel enfermedad de Parkinson, que afronta sin complejos y con un arrojo que debe ser un ejemplo para todos. En el ring fue el más grande. Ahora, en la adversidad, sigue siéndolo.