Puentes

EDUARDO CHAMORRO

OPINIÓN

05 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

ENTRE las cosas que merece la pena tener en cuenta, conviene señalar que las agendas políticas las hace el Gobierno, al igual que es el Gobierno el que abre opciones y admite las oportunidades que más y mejor le convengan. Esas agendas no las hace la oposición, por mucho que, a veces, se lo imagine y crea, ni es la oposición la que abre opciones, por muy dispuesta que esté a aprovecharlas, al igual que las oportunidades. Todo esto lo sabe la oposición, y lo sabe el Gobierno, que es el que lo hace saber cuando a alguien se le olvida. Y nada de esto se le despinta al Gobierno o, por lo menos, a la totalidad de sus integrantes. Para eso existen las discrepancias entre quienes los forman. Un Gobierno sin discrepancias internas es un gobierno al que se le despinta todo. Dicho eso, es indudable que las cosas podían haberse hecho de otro modo y salir de otra manera. Incluso podían haberse hecho otras cosas. Pero se han hecho como es evidente y han salido como es obvio. Tampoco hay mayor duda en cuanto a que el país -este país al que llamamos España y que seguirá siendo el que es, sea cual sea el nombre que le asignemos y el rango, naturaleza, y sustancia que le atribuyamos- hace sus deberes con una normalidad elocuente, sus cifras macroeconómicas no suscitan inquietud (aunque las ganancias de Telefónica irriten como es lógico), y mantiene sus preocupaciones humanísticas en el equilibrio moral imprescindible para valorar debidamente la dimisión del presidente galáctico y la abjuración de la galaxia en un momento en el que el malvado Darth Vader se instala en los graderíos maños para insultar a los negros. Es decir, que hasta la patología de nuestra catadura moral da la cara en una medida suficiente como para que no nos llamemos a engaño ni nos pongamos estupendos. Si aquí hay que rectificar se rectifica, y a otra cosa. Si el Gobierno insinuara los puentes cuyo aprovechamiento le pidió al PP Maite Pagazaurtundua, en simetría con las actitudes mantenidas en ese partido por Piqué, Núñez Feijoo y Gallardón, no hay razones para pensar que habría de verse con el reproche mayoritario de la militancia y el electorado socialistas. Los reproches y la crisis se darían, más bien, en el PP, puesto ahora en el gimnasio de su convención.