MONTILLA, Rovira y compañía sufren a Cataluña como una nación periférica al entrar en liza la competencia alemana de la eléctrica E.ON. De repente se convierten en acérrimos nacionalistas de España; la quieren solo para ellos. Zapatero los comprende, se alinea con el catalanismo reconvertido y pide socorro a la gran burguesía española. Los señores y señoras del ladrillo y el hormigón patrio muestran buena disposición. Parece que no bastan los recursos de la Caixa catalana y hay que echar una mano. Lo que antes se pagaría con papel y a 21 euros por acción ahora exige 29 y a tocateja. Y ojo, que hay un millón de accionistas y un montón que no son precisamente tontos; es la pasta de verdad, estúpidos. Incluso Botín y Entrecanales parecen estar dispuestos a acudir al rescate. Aunque Solbes se sale de guión afirmando que en la Unión Europea las opas no tienen nación ni frontera. Se distancia de su contracara en la sombra, el áulico Sebastián, que amenazó a los teutones con laminar las tarifas y obstruir con nuevos reglamentos sus ambiciones multinacionales. En Galicia nuestros bipartitos líderes siguen encogidos. Se preguntan que es lo que tienen los catalanes que ellos no tengan; cuando quisieron galleguizar Fenosa, Zapatero no movió un dedo y se la quedaron los señores del ladrillo y las obras en todas las Españas. Touriño, el presidente desairado, aparta de sí este cáliz y declara que, gane quien gane, lo importante es que se respeten los intereses de Galicia. Que duda cabe, como diría Arsenio, siempre el terruño es lo único importante. O como sentenció Pío Cabanillas sénior, ganaremos aunque no sabemos aún con quienes. El copresidente Quintana está de quincena de paternidad -felicidades-, y un conselleiro de los suyos lo suplió para pronunciarse contra los teutones. Es fiel al eje con Cataluña por encima de los destinos de Endesa para la patria gallega. Corrección política o simple incompetencia; para gustos se pintan ideologías. Estas jornadas de mercadeo eléctrico son un máster polivalente en economía, política y sociología sobre la auténtica fiesta nacional. Lo esclarecen todo sobre la naturaleza del cambio del talante y su infraestructura económica, así como sobre los poderes laicos y sus caricaturas vivientes. En este carnaval, los grandes personajes de las escenas patrias no se han disfrazado; eso solo lo hace el pueblo ausente del espectáculo. En la prodigiosa movida de las opas sobre la joya eléctrica de la corona están desfilando tal como son. Abandónese la esperanza de que al final se otorgue prioridad al nacionalismo ciudadano, al interés y dignidad de cada uno de los millones de contribuyentes y consumidores de este país. De no premiarnos con un precio transparente del kilovatio, ni con unos impuestos justos y limitados, ni siquiera con respeto a las leyes de la competencia, procuren al menos no ofender nuestra sensibilidad y cuiden, a ser posible, del sentido del ridículo en los circuitos del mando.