15 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.
La cruz. Un grupo de chavales someten a continuadas vejaciones a una compañera de instituto afectada de síndrome de Down. Como su hazaña no les parece completa si no la compartían, la graban en vídeo con sus teléfonos móviles y la difunden por Internet. La cara. La madre de uno de ellos descubre los hechos y tiene el valor de denunciarlos. El juez encargado del caso acierta plenamente en su resolución: castiga a los autores a redimir su conducta trabajando en sus horas libres en un centro de atención a personas con síndrome de Down. En vez de reprimir, reeducar. Conocer de cerca a estas personas será el mejor antídoto contra el virus de la violencia ciega.