EL TERCER Congreso Internacional sobre Víctimas del Terrorismo comenzó ayer con polémica por la ausencia del presidente del Gobierno. Un claro error que ha resultado más injustificable por la presencia de los Príncipes de Asturias, encargados de inaugurar el congreso. Las víctimas no son las encargadas de dirigir la política antiterrorista. Pueden acertar o no en sus críticas, como todos los ciudadanos. Pero tienen el mismo derecho que cualquiera, y aún más, a expresar sus quejas. La obligación de Zapatero, por dura que fuera, era escucharlas e informarles y no limitarse a decir que tiene información que no puede compartir. Pretender acabar con la violencia sin contar con las víctimas, además de absurdo, es condenarlas a la insatisfacción y al olvido.