LA VISITA del presidente Putin a España anima a la reflexión sobre la trayectoria emprendida por este enigmático país, antes llamado la madre Rusia, después la URSS y ahora¿ ¿qué? Hace ya muchos años que un famoso geopolítico británico llamado Mackinder predijo que al final, en lo que parece que ya estamos con la globalización, la «tierra corazón», es decir Rusia, tendría en sus manos el destino del mundo. En el continente euroasiático, si Rusia se uniese a China e India haciendo valer su condición asiática, el poder oriental dominaría el mundo. Pero si Rusia girase hacia occidente empujada por la Rusia blanca, entonces Europa y América del Norte saldrían reforzados frente al bloque oriental. Así pues, ese es el juego. Rusia tiene el fiel de la balanza para poder inclinarse hacia un lado u otro, o permanecer en el centro manteniendo su capacidad de decisión estratégica. La realidad actual es que la Rusia de Putin tiene una tendencia a recuperar su zona de influencia en el Este europeo y en el Sur caucásico por razones de seguridad y de recursos. Es evidente que Rusia dispone de unas cuantas bazas importantes: es aliado de la OTAN, posee capacidad nuclear y veto en el Consejo de Seguridad, y ha sido admitida en organismos tan importantes como la OMC o el G-8 que va a presidir muy pronto. Además, su capacidad de producción de gas y petróleo le dan un peso estratégico que Putin hace valer en los foros internacionales. Rusia es una potencia real en auge.