Segundo mundo

| ARTURO LEZCANO |

OPINIÓN

09 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

HACE más de tres siglos que la euroasiática Rusia pugna por convertirse en una gran potencia mundial. Durante el XIX y, sobre todo, en el XX, parecía haberlo conseguido. ¿Quién, cuando se alzó el Telón de Acero, se atrevió a sostener que él ya lo había previsto? Estos días visita España Vladímir Putin, enigmático icono del nuevo Kremlin. Una persona singular y pragmática por excelencia, creemos. Los modelos del Primer Mundo no sirven para medirlo, como tampoco anacrónicos esquemas, por ejemplo su pasado en el KGB. Putin no es, desde luego, Gorbachov, pero menos aún Yeltsin. Poco a poco el enésimo zar va levantando su país, aunque no del todo al gusto occidental. Hacer vaticinios, como recordábamos, supone una estéril audacia, si bien siempre hemos tenido la sensación de que todavía no estamos ante el turno de China. La mayoría de los ciudadanos superconsumistas no lo ven así, lo sabemos, de ahí el escándalo cuando algún magnate tiburón cae en la jaula. Nosotros apostamos, éste es el verbo, por una Rusia cabeza del Segundo Mundo, con los pies en el Tercero y la vista en el Primero. De momento, en cualquier caso, este Putin es mucho Putín, o como se acentúe.