LA POLICÍA local de Marbella considera que su actuación en el caso del hombre que falleció cuando estaba siendo reducido es impecable. O sea, que a una presunta actitud violenta de una persona que iba desarmada se responde con más violencia: lo agarraron entre seis, lo tiraron al suelo y lo esposaron, le golpearon con porras, contra un poste y un automóvil, le pusieron una rodilla en el cuello y se lo apretaron contra el asfalto. El jefe de los agentes afirma que los números «cumplieron con su obligación y están tranquilos». Hay quien sostiene, no sin razón, que en este país basta darle a alguien un uniforme para que se crea con derecho a todo. El juez tiene la última palabra, pero, por lo visto en el caso Roquetas, los únicos que dormirán tranquilos son los muertos.