LA EVOLUCIÓN de la delincuencia es uno de los mayores misterios estadísticos que se conocen. Cada año, el Gobierno hace balance de la actividad de cacos y demás ralea y la conclusión es que la del delincuente es una profesión en vías de extinción. La involución de los delitos y las faltas es una constante, y en torno al 2020 Galicia será como Islandia, donde, como se sabe, los periodistas de sucesos están abocados al desempleo. El ciudadano, sin embargo, asiste estupefacto a esos episodios que no aparecen en las estadísticas. Ya saben, una furgoneta de reparto intervenida con una tonelada de cocaína en la AP-9, una banda del Este reventando la caja fuerte del consistorio de Pedrafita para llevarse diez euros o una noche de juerga con una pira de contenedores en el centro de la ciudad.