SUENA, por ahora, a globo sonda, pero el debate tendrá que abrirse y en varias direcciones. Las diputaciones, otrora administradoras de hospitales de beneficencia, tendrán sentido en el futuro si logran afianzarse como elementos de apoyo y coordinación de ayuntamientos y saben desprenderse del lastre de una imagen demasiadas veces vinculada a la ineficiencia y al clientelismo. Y consiguen, además, su hueco sin oscurecer el papel de los ayuntamientos, mucho más próximos al ciudadano, y llamados a ganar protagonismo por la vía del traspaso de competencias y, sobre todo, de recursos, desde los niveles autonómico y central. Y también por la de la fusión concentradora de minúsculos concellos sin capacidad de gestión. Un problema complejo y que puede herir múltiples susceptibilidades, pero que hay que abordar.