Hamás rompe el guión en Oriente Medio

| INOCENCIO F. ARIAS |

OPINIÓN

SALVO imprevistos en Irán, el miércoles ocurrió el hecho internacional más importante del año o de los dos o tres siguientes. «Conmoción», «Shock», «Alarma», «Insólito y preocupante» son los grandes titulares con que la prensa mundial comenta boquiabierta el triunfo del grupo islamista Hamás en las elecciones palestinas. Lo inesperado del resultado no es lo que produce la inquietud y lo que ha dejado descolocados a la mayor parte de los líderes occidentales en sus primeras reacciones ante la prensa. El desasosiego y las consiguientes llamadas telefónicas febriles entre los ministros de Exteriores se originan en dos hechos conocidos: Hamás ha manifestado que su objetivo es la destrucción de Israel, y el grupo está considerado una organización terrorista tanto por Estados Unidos como por la Unión Europea. Ahora habrá que rebobinar y no es fácil hacerlo. Los politólogos debatirán durante tiempo si el pasmoso vuelco palestino, probablemente la primera vez en el mundo árabe en que un partido en el poder pierde unas elecciones, obedece al hastío de los palestinos por las dilaciones de Israel con los dirigentes del gobernante Fatah a la hora de avanzar hacia la independencia o la percepción generalizada de este último grupo como corrupto y amigo del compadreo. El voto ha sido ciertamente de castigo a Fatah y de premio a un partido considerado austero y eficaz. Hay otras conclusiones. Una, sorpresa desabrida para EE.?UU., que ha presionado por que las elecciones se celebraran para impulsar la democracia en Oriente Medio, es que, recientemente, cuando los árabes votan, los partidos islamistas avanzan. Ha ocurrido en Egipto, en el Líbano con Hezbolá, en Irak, donde el grupo chií religioso, no el laico, triunfa. Ídem ahora en Palestina. Resulta que las elecciones son un arma de dos filos. Pero hay que respetarlas. Esto coloca, segunda conclusión, a Occidente en un gran brete. Washington amaga con cortar su ayuda a los palestinos -«no podemos financiar a terroristas»-, pero Bush ha sido moderado en su reacción inicial. Europa tiene un dilema. Da unos 500 millones a los palestinos. ¿Se los continúa dando a un partido considerado terrorista y autor de numerosas inmolaciones suicidas? Habrá que recalificarlos y rezar porque Hamás prolongue su tregua de este año y porque, con la asunción de responsabilidades, abandone, si no verbalmente, sí en el terreno de los hechos su agresividad hacia Israel. Deberían hacerlo si oyen lo que quieren los palestinos. Estaban hartos de Fatah e irritados con Israel, pero el 75% desean la paz con el Estado judío. Por su pasado y el talante de bastantes de sus militantes, Hamás no tendrá fácil optar por la moderación, aunque es lo que debería hacer para convertir en viable, sin mayores costes humanos, el Estado palestino. Cualquier tentación radical alimentará a los duros de Israel, que sigue siendo el país ocupante y que tiene la llave del agua y de la electricidad y parte de los impuestos palestinos. Se dice estos días que el ahora añorado Sharon no pensaba hacer ninguna concesión más a la Autoridad Palestina e iba a proseguir en su retirada de los territorios ocupados un unilateralismo desbocado, presentando a los árabes unos hechos y una frontera consumados. Son especulaciones, pero la tentación violenta de Hamás sólo servirá para reforzar el unilateralismo en el nuevo Gobierno israelí -hay elecciones en marzo-, que se preocuparía de reforzar su frontera y de ofrecer a Palestina un territorio encogido e inviable. Lo que equivaldría a más sufrimiento y a retrasar la paz otra década.