Información en la página 12 EL SISTEMA sanitario gallego no es capaz de curarse. Se automedica, se autoengaña maquillando las negativas estadísticas que lo retratan como uno de los más aquejados en España por el mal de las listas de espera, pero no consigue sanar. Los médicos de los ambulatorios, los que se enfrentan a la enfermedad en primera línea, tienen la orden de filtrar al máximo el número de aspirantes a pasar por las manos de los especialistas para tratar de parar la gran bola de la demora hospitalaria. La libreta de las recetas es su principal arma. Firman y firman para evitar que el paciente avance en la cadena, aunque la factura farmacéutica aumente. En Galicia lo ha hecho hasta alcanzar los 690 millones de euros y lo seguirá haciendo hasta que se emplee otra estrategia y el Sergas no se muera.