MARIANO Rajoy y Manuel Fraga se han salido con la suya y han disfrutado de un congreso del PP de Galicia que, como señaló el nuevo líder, Alberto Núñez Feijoo, sólo ha defraudado a los que esperaban su fracaso. Con el apoyo de una abrumadora mayoría del 96% de los compromisarios, Núñez Feijoo ha demostrado su capacidad de liderazgo en una fuerza política que, hace tan solo unos meses, amenazaba con bronca congresual. Los méritos se pueden repartir como se quiera, pero no hay duda de que nada sería igual si la labor del nuevo líder del PP gallego no hubiese estado presidida por la prudencia y el acierto en el proceso previo. Sin esto, las cosas no habrían salido como salieron. A ello se sumó, por supuesto, la demostrada capacidad de Fraga para irse sin dejar un incendio detrás, y la de Mariano Rajoy para burilar, paso a paso, el partido que quiere. No conozco personalmente a Núñez Feijoo y, por lo tanto, todo lo que digo es fruto de la simple observación a través de los medios informativos. Pero la coincidencia general en valorar su éxito me libera de cualquier esfuerzo por argumentar sutilmente lo sucedido. Está a la vista. Pero sí quiero subrayar, porque me parece de justicia, la actitud política de Xosé Manuel Barreiro, ahora vicepresidente del partido, a quien sí conozco de un único encuentro veraniego en Ribadeo, hace dos veranos. Creo que su voluntad de entendimiento y su generosidad política han tenido también su buena parte en este proceso de integración y de armonía. Quiero subrayarlo aquí porque quizá no se le ha dado a su actitud y a su proceder el relieve que tienen. No son tan frecuentes como sería de desear en los tiempos políticos que corren. Es siempre una buena noticia que cualquiera de los grandes partidos gallegos resuelva sin traumas y con unidad los relevos políticos que deba afrontar. El de Fraga no era fácil, pero era inevitable, y se hizo bien. Ojalá se pueda escribir lo mismo de cualquier otra fuerza política en el mismo trance. Las crisis de los partidos son también crisis de las democracias. Todo funciona mejor cuando todos están en condiciones de asumir el papel que les asignan los ciudadanos. El PP gallego de Núñez Feijoo ya lo está.