El tercer milenio coruñés

OPINIÓN

A LA CAPITAL coruñesa los comienzos de milenio le sientan bien. Empezando el primer milenio surgieron la Brigantia romana, el puerto y el faro. A principios del segundo, tras una etapa de decadencia, por decisión real se creó la ciudad de Coruña como una plaza fuerte marítima. Entrando en este tercer milenio el concepto tradicional de ciudad-municipio dio paso al de ciudad- región y un nuevo modelo de desarrollo urbano se pone en marcha, para lo cual la construcción del puerto exterior, por sus dimensiones, se convierte en el factor aglutinante. Como un día denominé, es algo así como la refundación de la ciudad. Pero sin fiarse del todo al futuro, cuya potencialidad está todavía por hacer, la ciudad está acelerado un programa estratégico perfectamente definido y diseñado por su alcalde. Como suele ser habitual en todos los modelos estratégicos liderados, las acciones estratégicas están más en su cabeza que en papel alguno. De todos modos no hace muchas semanas, en una conferencia pública, expuso de una manera justificada y sistemática la importancia que ha adquirido la visión de la ciudad como una economía de servicios que en cada etapa se va adaptando a las nuevas circunstancias del contexto, recibiendo así una permanente actualización y potencialidad. El punto de partida es importante y el momento político favorable, al igual que la arquitectura socioeconómica de la ciudad, que sitúa el área metropolitana como el espacio líder de la dinámica empresarial de Galicia, para la cual todos los indicadores económicos estimados le son favorables (productividad, renta por habitante, valor de la producción, tasa de paro, etcétera) y que sólo cede el primer lugar a Vigo en el número de habitantes y en el número de empleos, ya que no en su cualificación, y a Santiago en el turismo. Sobre esta base, las renovadas infraestructuras (estación intermodal, ampliación del aeropuerto, puerto exterior), los nuevos equipamientos (segundo palacio de congresos, recinto ferial, nuevo centro terciario y de ocio), los nuevos espacios verdes (monte de San Pedro, parques de Oza y Eirís), los grandes contenedores culturales (museo nacional de ciencia y tecnología, parque arqueológico y Casa de la Historia), el acabado de la recuperación del frente marítimo (nuevos tramos del paseo, nuevo frente portuario, nueva ordenación urbanística del litoral) o el equipamiento social (red de centros cívicos de barrio) más unas consolidadas y premiadas políticas sociales que pocas ciudades pueden exhibir, aportan a la nueva ciudad un proyecto urbano y metropolitano de dimensiones excepcionales para una ciudad europea de tamaño medio. Cierto que la rehabilitación del centro histórico se inició con retraso, que la peatonalización tiene casi todo por hacer, que la limpieza y la calidad ambiental requieren actuaciones importantes, o que el tráfico ha llegado a su nivel de saturación, aunque el metro ligero y el tren de cercanías anuncian nuevas posibilidades. Pero, con éstos y otros defectos, problemas o carencias, lo que no cabe duda es de que lo enunciado por el alcalde de la ciudad con mayor proporción de ciudadanos asociados a la red de bibliotecas y de asociaciones, de una ciudad culta y participativa, que será pionera en la creación del consejo social de la ciudad, es un proyecto de ciudad entendida como una comunidad urbana cosmopolita abierta al nuevo milenio. Una demostración más de que a la ciudad coruñesa los comienzos de milenio le sientan bien.