UNA CONSOLA o un pecé no tienen vida propia. A través de un videojuego, como sugieren algunos anuncios, se puede conquistar Roma, ganar un campeonato de fútbol o construir una ciudad de ciudadanos agradecidos. También se puede dominar un barrio deprimido con una banda de descerebrados, causar el pánico en una escuela a base de atemorizar a alumnos y profesores o manejar las armas más espectaculares para liquidar alienígenas en mundos impensables. La consola es sólo un aparato. El juego determina la diversión y la conducta ulterior de quien se divierte. Como un libro, como una película. Si le preocupa a qué juega su hijo, compruebe el paño antes de poner el grito en el cielo. Por las perversiones del marqués de Sade no se debería prohibir la literatura.