Tablas vikingas

| JUAN J. MORALEJO |

OPINIÓN

DÍAS ATRÁS tuve que desayunarme con un par de cosas, más bien quisicosas, de Moisés, un tío que da la impresión de que John Wayne, Lee Marvin y Schwarzenegger juntos a su lado eran unos hermanitos de los pobres. Y que Wayne y Marvin me perdonen que los ponga en trío con semejante estúpido con balcones a la calle. Bueno, el caso es que, al parecer, Moisés se sentía inspirado por Yahvéh en la tarifa de ajustes de cuentas que tiene su momento más feliz en «ojo por ojo, diente por diente» y se sigue un largo etcétera de intercambios que remata sorprendentemente en «cardenal por cardenal», pero sin nada de «obispo por obispo» o «arzobispo por arzobispo», que están antes en el escalafón. Y al parecer también soplaba Yahvéh cuando Moisés dijo que «el que golpea a su siervo con un palo, si muere a sus manos, cae bajo ley de venganza. Pero si el siervo sobrevive un día o dos, no será vengado, pues era hacienda suya». Y de ahí supongo yo que podrán deducir los médicos que el pronóstico reservado es de institución divina, además de que esté claro y no haga falta deducir que la divinidad suele estar a favor de la hacienda. Bueno, pues después de tragarme el Talión tuve que hacerme un bonito viaje a Coruña y me llevé un librillo sobre los vikingos que me alegró la mañana con unas tablas en las que la inspiración de Odín era evidente: resulta que las leyes de Gotland o tierra de godos multan con cuatro onzas por tocar muñeca o tobillo de mujer, y cuando digo tocar muñeca, no me refiero a la Barbie ni a la Barriguitas. El toque de codo o de pantorrilla son dos onzas más; supongo que alguna vikinga frescales se pirraría por ir desde Santurce a Bilbao haciéndose un plan de pensiones a golpe de pantorrilleo y multa, pantorrilleo y multa¿ Un toque de senos era una onza más y es de suponer que tocar los cosenos, las tangentes y las cotangentes estaría reservado a las grandes fortunas. Y más arriba de la rodilla el toque era justamente tildado de «toque deshonroso» y ya están pensando las mentes de bromuro y, muy sobre todo, los políticamente correctos, que un toque deshonroso acabaría en confiscación de bienes, bloqueo de cuentas bancarias, embargos y recargos¿ Pues ¡tararí que te vi! hete aquí, lector y lectriz, que el toque deshonroso no tenía multa porque la jurisprudencia, la doctrina y los tribunales entendían que de la rodilla para arriba el toque se veía venir y se condescendía, imperfecto del verbo condescender. Decíamos que iba yo en tren a Coruña, una mañana hermosa donde las haya, y a cambio del Moisés descarnado disfruté a tope estas tarifas vikingas de toqueteos carnales, cárnicos, carnosos¿ que me pusieron en la duda de si la imagen tradicional del vikingo tendrá origen y consistencia real en estas condescendencias o habrá que seguir creyendo que los cuernos de tan esforzados navegantes son pintura del paisano aterrorizado por la rapiña que desde Dublín a Catoira y desde Lisboa a Constantinopla no dejó títere con cabeza.