La mona y el «mono»

BEGONA R. SOTELINO

OPINIÓN

RECUERDO la extraña historia de Ai-Ai , la mona china que tuvo su «momento de gloria» en la prensa internacional debido a que dejó de fumar tras 16 años colgada del tabaco. Ahora que se acerca el momento de que miles de personas sigan la senda del chimpancé, hacia un mundo más limpio y con menos humos, es hora de refrescar el relato, porque no hay más que ver el tratamiento anti-tabaco que vivió el animal y compararlo con los de parches, agujas y pastillas que se presentan para los humanos enganchados a la nicotina. A la mona fumadora lo primero que le brindaron sus cuidadores fue un programa de actividades para estar entretenida todo el día: paseos, sesiones de música pop, gimnasia y doble ración de sus comidas favoritas. A los fumadores con mono lo que les esperan son paseos ante todo tipo de puertas y largas sesiones de cantinelas interpretadas por el grupo Guardianes del Aire. Lo que no se planteaba en este logro insólito de la lucha antitabaco es que la mona había empezado a fumar tras la muerte de su compañero, y a fumar más todavía cuando falleció el segundo y se llevaron a su cría a otro zoo. ¡Qué bien, el animal encerrado en una jaula, apartado de su mundo y de sus seres queridos, ya no fuma! También un tal Stanley Tookie Williams, encerrado en San Quintín, California, dejó de fumar la semana pasada. Enhorabuena.