LA MUERTE violenta ha vuelto a las tierras de Arousa y de nuevo la han traído sicarios. Esta última era hasta hace relativamente poco voz exótica en el uso local, aunque designa uno de los oficios más antiguos del mundo, el de asesino asalariado. El español la toma del latín sicarius, que, según Corominas, deriva de sica, 'puñal'. Alfonso de Palencia cuenta de sica en su Universal vocabulario en latín y en romance (1490): «Se dize por que corta: es cuchillo corto que mayor mente vsan los que entienden en ladroniçios. y estos se dizen sicarios: & los que para cometer delicto andan armados con cuchillo & con otros armas. Sicario homiçida: ladron: & acuchilladizo». En el habla de germanías, según el Tesoro de villanos, de María Inés Chamorro, la sica fue la bolsa o bolsillo del dinero, y el ladrón que se empleaba cortándolas era el sicatero, el cual se convirtió en cicatero, que de ser un profesional del hurto pasó a ser, como se entiende hoy, el 'mezquino, ruin, que escatima lo que debe dar'. Los sicarios están presentes en el español desde los primeros tiempos de nuestra lengua. Los menciona Alfonso X: «E ellas andando alli cuemo desarradas. fallaronlas los omnes montesinos que son llamados Satiros & faunos sicarios». Muy próximo está el relato que en su Crónica abreviada, deudora de la anterior, hace cincuenta años después un sobrino del rey sabio, el infante don Juan Manuel: «E ellas andudieron desterradas e fallaron los omnes montesinos a que llaman satiros e faunos e sicarios, e ayuntaron se a ellas e fezieron este linage de gentes a que llaman vgnos». Pérez Galdós es uno de los escritores que más sicarios siembran en sus obras, y Ramón Pérez de Ayala los emplea en un pasaje de Tigre Juan (1926) de gran fuerza expresiva: «A pesar suyo, presentaba una carátula de sayón, sicario o esbirro, que se refocilaba en el tormento de la víctima». Aquí lo sitúa junto a dos personajes siniestros, el sayón y el esbirro, que en la Edad Media fueron empleados de justicia de bajo nivel utilizados en labores tristemente ejecutivas. El esbirro es para el hablante de hoy el 'secuaz a sueldo o movido por interés', y el sayón, un 'cofrade que va en las procesiones de Semana Santa vestido con una túnica larga'. Pero su uso más extendido fue el de 'verdugo que ejecutaba las penas corporales', y, por extensión, 'hombre que, a las órdenes de alguien, maltrata a otros' y 'hombre de aspecto feroz'. Buena patulea. hablar.bien@lavoz.es