NÚÑEZ FEIJOO ha arrancado como un ciclón. Previsiblemente, allá por enero, los forofos del PP tendrán que anotar en la agenda la fecha de san Alberto -supongo que Magno- a efectos de la tradicional felicitación. Dado que el acto formal de elección no se celebrará hasta mediado enero, ¡y falta mes y medio!, es recomendable la prudencia. Recordar la máxima taurina: hasta el rabo todo es toro, y puede dar cornadas hasta en el último segundo. Imprevistos improbables aparte, el último conselleiro de Política Territorial del PPdeG será quien desempeñe el difícil papel de suceder a Fraga y además hacerlo desde la oposición, después de muchos años de gobierno. Tanto como la ilusión va a necesitar el realismo. Ya ha sido realista nuestro personaje, por ejemplo, cuando ha pactado la lista de Ourense con Baltar, un político prejubilable que va más allá del pragmatismo: es maniobrero. Ha dejado claro que él no vende su voto por un plato de lentejas, que le basta con medio. Solamente con que Cuíña no obtuviera el 50 por ciento de los compromisarios de Pontevedra, se repensaría -dijo- su apoyo al de Lalín, que ha quedado mucho más lejos de esa cota de lo que él mismo podía suponer. Nunca sabremos si al veterano caudillo del Deza lo han derrotado sus condiciones y su programa o unos cuantos malos compañeros de viaje, esos que buscan a cualquier precio el retorno al sillón perdido. El PPdeG se ha movilizado, es innegable, y esto es bueno para el partido que estrena oposición. Tiene un candidato moderno en un mundo con bastantes dinosaurios. Le falta ese punto de galleguismo que a mí me interesa especialmente en José Manuel Barreiro, pero parece tener no sólo buena parte de las bases con él sino también en su compañía una parte significativa del poder del PPdeG y aun del PP nacional. Nunca sabremos, salvo confesión de parte, a qué debe más el previsible triunfo, si a los de abajo o a los de arriba. Pero ojo, que el mundo no empezó ayer y antes otros ganadores cantados se quedaron en la cuneta.