TODAVÍA hay muchos lectores que interpretan el análisis político como un juego de suma cero, en el que todas las pérdidas de un actor constituyen ganancias para otro. Y eso es una equivocación que debemos corregir. El hecho de criticar al Gobierno no significa que estemos de acuerdo con la oposición. Y el hecho de dejar constancia de una mala oposición en modo alguno lleva implícita la eficiencia del Gobierno. La tendencia natural a criticar al Gobierno proviene de la preeminencia que tiene el poder ejecutivo en las democracias avanzadas, ya que, además de definir las políticas públicas y los presupuestos que las implementan, también influye decisivamente en la confección de la agenda y de los valores políticos que subyacen en el comportamiento de la oposición y los ciudadanos. Y por eso es lógico que, además de atribuirle los errores que le son propios, también tratemos al Gobierno como el principal responsable de las crisis cíclicas que nos afectan. Hablando en términos prácticos, una cosa es decir que Zapatero se está desdibujando en su talante, y que inicia procesos de cambio que casi nunca termina, y otra muy distinta aprobar el enroque político del PP. A mí no me gusta nada -en realidad lo detesto- el estilo moralizante de la vicepresidenta, que, en vez de responder a las críticas sobre su gestión, se pasa el día dando consignas sobre lo que es la democracia y lo que sería un comportamiento correcto de los ciudadanos y la oposición. Tampoco entiendo que algunas políticas tan importantes como las alianzas internacionales y el terrorismo sigan presas del complejo que atenaza al PSOE frente al discurso patriotero del aznarismo. Y en modo alguno considero acertado confiar el cambio a la satisfacción de las minorías o a un confuso proceso de reforma acelerada del Estado. Pero eso no significa que comparta la estrategia de una oposición que sólo sabe mirar hacia atrás. ¿Qué piensa hacer Rajoy con Cataluña y el País Vasco? ¿Qué análisis hace de las relaciones con la Iglesia y de sus repercusiones en el sistema educativo? ¿Qué propuestas tiene para revitalizar la UE? ¿Qué alternativa tiene para las reformas sociales que rechaza radicalmente? En términos generales la oferta política del PSOE sigue estando muy por encima de la del PP, por su modernidad y por su conexión con una sociedad tan libre y madura como la española, aunque también es verdad que la ejecución de estas políticas está defraudando mucho a los votantes del 14-M. Por eso no hay contradicción en decir al mismo tiempo estas dos cosas: que Rajoy acierta mucho en su crítica opositora, y que el PP sigue siendo un yermo político que no ofrece ninguna alternativa.