AMENACÉ con seguir en el tema y no era farol. Un ejemplillo de los que le ponían a Fernando VII: nadie se acostó hablando latín y se levantó hablando gallego. A ningún padre que hablaba latín le salió rana un hijo hablando gallego. No hay en la documentación ningún punto y cierto y concreto para un hasta aquí, latín, y desde aquí, gallego. Hay más enfoques, pero baste con estos para ilustrar la continuidad rigurosa en la que los nombres de las lenguas son lo de menos y de la cual resulta que la práctica totalidad de las lenguas de Europa, y desde luego las románicas, germánicas y eslavas, son en la mayor parte de sus espacios actuales un resultado de la «violencia antigua» y no sólo antigua de que hablamos la semana pasada a propósito de cómo y por qué la lengua española en Cataluña. Claro está que hay grados y maneras en las violencias. Por ejemplo, la lengua gallega no se libra de ser violencia latina sobre galaicos de lengua céltica o similar. Pero la lengua gallega, que tuvo y tiene de vecina y huésped comellona a la lengua española, se vio cortada de seguir siendo portuguesa y protagonista de otra notable violencia hoy presente en Brasil, Angola, Timor... Bueno, es estupendo que la lengua gallega y sus hablantes dejasen de ser sujeto agente de ninguna violencia a costa de otras lenguas, pero no ha sido ni es tan bueno que hayan sido sujeto excesivamente paciente de violencias ajenas, dándole aquí a esas violencias tantos grados y maneras que bastantes de ellas al final no tienen absolutamente nada de violencias, sino que son el tráfico social, cultural y político necesario y habitual. Que las consecuencias no sean las que a todos gustan es otro cantar, pero ha de ser un cantar a ocho voces mixtas y no la monodia monótona, monocorde, monotemática y basta de monos por hoy. La experiencia enseña que todo tráfico humano necesita de lenguas comunes y la guinda es lo de la lengua compañera del imperio. El babelismo y el parroquialismo idiomático son riqueza y son todo lo contrario. Experiencias como el Helenismo y la Romanización, la expansión conquistadora y colonial de Europa a América, África y Asia (lenguas española, portuguesa, inglesa, francesa, rusa...), la actual ventolera Internet con el inglés de primerísimo sin segundos son lo que son, un amasijo de violencias, de necesidades y de cosas buenas a la medida de lo que ya sabían los antiguos sobre el hombre como capaz de saltar de lo mejor a lo peor sin siquiera necesitar motivo o coartada. Bueno, hay que repetir que todos esos procesos no fueron para repartir estampitas o entradas para el cine, pero son lo que hubo, lo que hay y lo que seguirá habiendo. El babelismo y el parroquialismo idiomático pueden ser hoy mal síntoma de vitalidad social y de marginalidad. No hay necesidad alguna de agredir, reprimir o marginar lenguas con el pretexto del mundo mundial, pero el mundo mundial te es lo natural que decía Horacio que volverá siempre por mucho que lo escorrentes.