Asturias

| RAMÓN PERNAS |

OPINIÓN

NO SON nuestros primos hermanos, somos los mismos, acaso hermanos que nos damos la espalda, la misma familia repartida en distintos y vecinos territorios. La creación del mundo repartió idénticos materiales a los países del norte, puso la mar y catalogó los verdes, plantó las montañas y fue el hombre quien ordenó el paisaje. Asturias lo cuidó con mimo y desterró el feísmo de su franja costera, instaló la armonía. Galicia optó por el caos y los adefesios. Frecuento Asturias y siempre me sorprendo con los hallazgos que me regala visualmente, tesoros ocultos en los prados y en lo alto de los acantilados para regocijo de quien pisa sus senderos y anda sus caminos. Regresé de Llanes después de asistir a uno de los más bellos espectáculos que nos ofrece la naturaleza en estado puro. La mar encabritada estampando desmedidas olas contra las rocas, la lluvia enredada en el viento creando remolinos imposibles, el hotel sobre la mar en el arenal de Sablón como un barco varado, y toda esa luz que sólo el norte atesora y llena de transparencias que hacen guardia detrás del aguacero. El norte es de agua, y con el agua llegará la riqueza como antaño vino por la mar la prosperidad. Parte del futuro de Galicia y Asturias se vertebra sobre el agua, y su gestión es el combustible básico para mover el motor económico, el agua como argumento es la nueva vuelta de tuerca de la mercadotecnia. Vender el norte es vender el agua y su oferta de maravillas todavía por descubrir. Nuestra cultura hídrica ha definido una peculiar manera de contar el agua. Lo vi claro en Llanes, la lluvia vista desde el mirador de Barro, con el Cantábrico fijando el horizonte, era un mensaje preciso. Yo así lo percibí, y de esta manera un tanto lírica lo comenté con Antonio Trevín y con Dolores, la alcaldesa llanisca. Hubo un acuerdo de principios cuando constatamos que los asturianos se quieren poco, de la apoteosis industrial y minera han pasado al esplendor en la hierba con la protección pública de una región en declive con todos los sectores de actividad clásica subvencionados y la vieja épica laboral astur agrupada en ejércitos de prejubilados. Recientemente su autoestima encontró dos avalistas en la princesa Letizia y el piloto Alonso. Sobre ellos recae la responsabilidad de la nueva asturianía. Trevín tiene proyectos fronterizos con la utopía y por lo tanto viables. Es la Asturias del entusiasmo escasamente melancólica, la Asturias probable capaz de reinventarse y que ya da por inaugurado el futuro.