LA INFLACIÓN, impulsada en octubre por la huelga del transporte, avanza en Galicia con pasos de gigante. En una carrera que sólo consigue frenar ligeramente en cifras interanuales el descenso de los precios de los carburantes, el IPC va mermando cada vez más el poder adquisitivo de los gallegos. Pero el estancamiento del sueldo medio, poco más de ocho euros la hora, no resulta un obstáculo para el consumo, otro de los motores fundamentales de la máquinaria inflacionista. Y es que las familias no abandonan ese maratón y, pese a las advertencias del Banco de España y del Banco Central Europeo, su deuda se dispara cada vez más. Lo ideal sería que, entre la compra del televisor de plasma y de lo último de Custo, hicieran memoria y reflexionaran sobre lo ocurrido en Argentina.