CHINA crece sin parar. Casi un 9% cada año en términos económicos. Con una población que se cifra por encima de los 1.300 millones de habitantes, el 85% de ellos ya alfabetizados. Con unos desequilibrios internos que aumentan en progresión geométrica. Y, sobre todo, con la combinación político-económico más original y sorprendente del planeta: un sistema comunista que apadrina e impulsa un capitalismo salvaje. ¡Para quedarse pasmado! Pero no mucho tiempo. Porque China sigue agigantándose. Y con ello todo cambia en el mundo. También el consumo de materias primas y el intercambio comercial. Y el equilibrio de fuerzas. Estados Unidos ha dado la voz de alarma sobre su rearme silencioso. China será antes de quince años la primera potencia militar de Asia. Japón ha tomado nota; la UE, no. El comunismo chino sigue empujando la carreta capitalista para salir de la pobreza. Pero no da un paso hacia la democracia ni por error. ¿Es posible seguir así? Según sus dirigentes, sí. Según la clase media-alta, antes o después habrá que acceder a las libertades. He ahí una nueva paradoja: ¡se prevén reacciones imprevisibles! ¿Peligrosas? No se descarta... Hemos dejado de temer a los marcianos.