HABÍA favelas en Europa y no lo sabíamos. O no las mirábamos. Metíamos la basura, gentuza, les llamó el ministro, debajo de la alfombra. Donde empezó la revuelta, el 40% está en paro. No tienen nada que perder. La Grandeur, con sus recortes, les quitó todo. Si te quitan el subsidio, sólo te queda el suicidio social. Son jóvenes, críos. Adoran el rap, el hip-hop. Sus ídolos son Iverson, míster tatuaje NBA, y el cantante Joey Starr. Este muchacho de la barriada donde quemaron los primeros coches hizo una canción que lo dice todo: Que le den a tu madre. No tienen dinero. No tienen ayudas. No tienen ilusión. Con el estómago vacío se piensa fatal. Esperan a la noche y queman coches. Les hace gracia porque explotan. Son hijos y nietos de inmigrantes, como Sarkozy. Se les unen delincuentes habituales, radicales, anarquistas, especialistas en zaragatas. Hay cinco millones de franceses de cultura musulmana, que no eran integristas (lo serán), pero que no están integrados en la República. No se creen ni la igualdad, ni la libertad ni la fraternidad. No les dan trabajo por árabes. Pero luego los blancos aplauden a Zidane, argelino, cuando les gana la Copa del Mundo. Doble moral. Hay que echarles una mano. Pero no al cuello. cesar.casal@lavoz.es