LA CRITICA Gabilondo desde Cuatro , cadena privada que goza de bula mediática privilegiada por el Gobierno; la ridiculiza desde Antena 3 el humorista catalán Buenafuente, a la espera de que su humor asimétrico le ayude a conseguir otra sinecura televisiva del poder; es objeto de escarnio habitual desde Tele5 , cadena del grito y desmadre; y le quieren segar la hierba desde las propias televisiones públicas, las pagadas con los impuestos de agnósticos y creyentes. Algo estará haciendo muy bien la Iglesia para que, en la época de la manipulación y la telebasura generalizada, desde la caja tonta se conjuren contra ella. Debe estar en el buen camino. La ofensiva tiene fundamento demoscópico. Los sabios de oficio de la Moncloa han identificado en los sondeos de opinión que la gente religiosa tiene una propensión preferente a votar al PP; ese es su gran pecado. Y en una época donde la laica alianza de nacionalistas de todo signo, socialistas, postcomunistas y oportunistas por libre, están cerca de conseguir sus objetivos de hegemonía particularista, política y social, todo lo que pueda ser un apoyo objetivo al PP es enemigo a batir. Este partido es la reserva electoral que amenaza sus planes; se está rehaciendo y sube en las encuestas. Su gestión en los últimos ocho años se agiganta a medida que la torpeza, aventurerismo, contradicciones e impericia de Zapatero y aliados se destapan por doquier. Y la clave de su resistencia radica en la consistencia de los valores morales, fundamentados en el cristianismo, del grueso de su electorado. Atacarlos desde los medios de comunicación afines, y socavar los pilares de su infraestructura educativa es el proyecto estratégico de las actuales élites del poder. Quieren cargarse el pluralismo, buscan un diagrama mental plano en los ciudadanos, gentes manipulables por el talantoso de turno, por el inoculador sin principios de las maldades oportunas. Pero la Iglesia resiste, mantiene sus principios y defiende sus convicciones. En España lo viene haciendo de forma coherente desde el Concilio Vaticano II. Fue una institución crucial en la reconciliación entre españoles durante la transición y la consolidación democrática. Desde entonces se había terminado el problema religioso. Lo desempolvó el Gobierno salido del 14 de marzo del 2004; no habiendo alcanzado una mayoría absoluta, optó para gobernar por una alianza rígida con los independentistas condicionada a la destrucción del PP y de todo lo que pudiera coadyuvar a su existencia. Quiso retornar al peor de nuestros pasados desde el nihilismo irresponsable. Pero la Iglesia no ha perdido la compostura, es institución milenaria y con horizontes más allá de las coyunturas electorales. Mantiene la libertad de expresión en los medios de comunicación de su titularidad y ella misma ejerce su propia libertad. Y ahora su compromiso, como en otros momentos, está siendo un pieza imprescindible de la regeneración democrática de España.