NO quedan lágrimas sueltas para África. Los santos de Infancia Sin Fronteras envían una foto terrible. Es un niño que se muere de hambre. La selección natural en África es el hambre. Sin más. Cuando no se matan a machetazos. Se matan porque los dejamos solos en un abismo, después de explotarlos y hasta de entrenarlos para que se matasen. En Níger, al sur, hay un sitio que se llama Maradi. Allí están también los de Mensajeros de la Paz. Maravilla la gente que dona sus días libres para echar una mano. Eso sí que es turismo de lujo. Los místicos del siglo XXI serán así. La revelación, el éxtasis, es ayudar, sumar. Nos quedan los voluntarios, las oenegés y los misioneros para sentirnos orgullosos de nuestra especie tan extraña. El ser humano es contradicción. Con una mano empuña una pistola y, con la otra, salva un niño. Aquí, pediatras de guardia por un catarro. Allá, un médico es el que da una caricia. En Níger hay tres millones de personas en alto riesgo de desnutrición. Desnutrición: pérdida de todo y el letargo de quien no puede moverse, sólo mirar hacia la muerte. Y nosotros ¿para dónde miramos? Ayude: apadrine un niño o lo que prefiera hacer. Para usted, son unas migas. Para ellos, la vida. cesar.casal@lavoz.es