Bífidus activo

OPINIÓN

02 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

ADELGAZAR. Ese es el objetivo que se ha marcado Juanito. Pesa 92 kilos y mide 1,75 metros. Su otrora complexión atlética se ha tornado en perfil barrigudo de levantador de jarra en barra fija. Juanito tiene 35 años. Jugaba al fútbol, pero no ha vuelto a pisar un campo desde que se casó y cambió las galopadas por la banda por los cocidos brutales en casa de su suegra. Tiene apetito y come de todo. Bueno y malo. Lo mismo se zampa unas acelguitas que tres hamburguesas completas con sus patatas, sus salsas, su refresco gigante y su helado de postre. En casa de Juanito hace años que no hay ni dieta mediterránea, ni atlántica ni nada. Se come lo que se puede y se cocina a salto de mata en esos breves instantes que quedan desde que se sale del trabajo y se recoge a los niños en el cole hasta que se lleva a los niños a música e inglés y se regresa al chollo antes de que el jefe se mosquee. Ese estrés se traduce en exceso de grasas, multitud de alimentos precocinados y convierte los fines de semana en un festival de comida rápida en todas sus formas posibles: hamburguesas, pizzas, sándwiches, perritos calientes o pollo frito. Pero Juanito ahora quiere adelgazar y eso está bien. Así que se ha comprado un chándal que nunca usará, se ha apuntado a un gimnasio al que jamás volverá y ha llenado el frigo con unos yogures bebibles que se comen el colesterol y tienen bífidus activo. Eso sí, Juanito tendrá bífidus activo, pero él seguirá despanzurrado en el sofá.