Antiespañoles todos

ASSUMPTA ROURA

OPINIÓN

RAJOY vino a Cataluña a brindar con cava. Dice que para demostrar que él no es anticatalán sino todo lo contrario. Si lo contrario es ser procatalán, Rajoy tiene un problema muy serio, puesto que, según las últimas consignas, con denominación de origen FAES, estar con los catalanes es estar en contra de España. O sea, Rajoy está en contra de España. Siguiendo en esta línea de reflexión, Rajoy tiene otro problema, y ya suman dos. Según demostración científica, por resultados de campañas electorales nacionales y autonómicas, la mayoría de la población catalana que ejerce su derecho a voto no está con el PP o, lo que es lo mismo, con Rajoy, lo que ha de generarle al líder de la oposición una baja autoestima cuyas consecuencias no podemos exponer ni cuantificar aquí. Amar y no ser amado produce desequilibrios. Para ser rigurosos en el diagnóstico, deberíamos disponer de más datos. Por ejemplo, cómo le afectará al señor Rajoy enterarse de que es antiespañol aunque no sea catalán pero sí gallego. ¿Se sentirá responsable si por ello todos los gallegos se sienten, tras beber la pócima mágica catalana, antiespañoles, siguiendo con la línea argumental de la factoría FAES? ¿Terminaremos siendo catalanes, gallegos y Rajoy una misma cosa? ¿Serán declarados anticonstitucionales aquéllos a los que no les siente bien el cava, no por ser catalán (el cava) sino porque el cuerpo, como la vida, tiene rarezas? Además del cava y otras cosillas sin importancia, se da la circunstancia de que el 80% de la industria editorial que abastece al mundo entero de libros en lengua castellana se produce en Cataluña. ¿Será ésta la causa de que en España el analfabetismo siga tan vigente y puede que hasta solvente, según el informe Pisa? Será. Bien mirado, hasta puede que el PP perdiera las últimas elecciones porque su superagente 86, en misión de conferenciante en el mundo, aceptara publicar sus memorias, cobrando, con el editor Lara, cuyo reconocido prestigio nació y creció en Barcelona. Lo dicho nos lleva a concluir que basta con peinarse rizos con las preguntas adecuadas para rizarlos si se quiere acabar con la orgía de las suposiciones. Que suponer es muy anticonstitucional, según se mire. Y quien mira, a veces ve.