SEGÚN expertos de las Naciones Unidas, en nuestro tiempo, y debido a la destrucción del medio ambiente, unos cincuenta millones de personas han abandonado sus lugares habituales de residencia a causa de la degradación de los medios indispensables para la vida humana. La falta de agua que produce la desertización progresiva de las tierras; las inundaciones que arrasan poblaciones enteras; los incendios que acaban con la vida vegetal¿ son fenómenos, no siempre naturales, que tienen un fuerte impacto en la vida de las poblaciones afectadas. Por eso grandes masas de población abandonan sus lugares de origen atraídos por informaciones que presentan paraísos donde existe la prosperidad y ofrecen posibilidades para comenzar una nueva vida. El Norte desarrollado que la publicidad magnifica a través de la televisión por satélite a todo el mundo, aparece como la tierra prometida adonde hay que emigrar como sea. Estas imágenes actúan como un imán que atrae a los desesperados dentro de su campo de acción. El Norte despoblado con bajas cotas de fertilidad, frente al Sur superpoblado, constituye un polo de atracción irresistible. Unidos por el dolor, los habitantes del Sur emigran hacia espacios donde la vida les parece mejor. No importan las barreras políticas, no importan los sacrificios ni el sufrimiento, son millones de seres humanos que se han puesto en marcha. Pero en el otro lado la vida tampoco es fácil, también exige grandes sacrificios y renuncias, para los cuales muchos no están preparados. El paro, la droga y la delincuencia llevan a la marginalidad a quienes creían en la facilidad de adaptarse a las exigencias del mundo desarrollado. El Norte despreocupado se sorprende ante un fenómeno de demografía que estaba cantado desde hace tiempo. Ahora no le queda más solución que asumirlo porque no tiene vuelta atrás.