SEGURO que alguno de ustedes habrá pasado por ese trance de rebelión cuando, harto de comprar décimos y participaciones de lotería en su bar, en su parroquia, en el colegio de sus hijos, en su equipo de fútbol sala, en su trabajo, en el de su cuñado, llega un momento en el que dice ¡basta! Y ahí es cuando se sobrepone a esa imagen mental en la que ve a todos los clientes del supermercado brindando con champán, saliendo por la tele y usted, sin la participación, llorando a lágrima viva. Pues que sepa que, cuando llega esa encrucijada, la decisión tiene más peligro que un pelotón de fusilamiento en círculo. La prueba la tienen en Torre del Mar (Málaga), donde una peña de 25 currantes se ha metido en el bolso un millón de euros por barba. Por extraño que parezca, todos acudieron ayer al trabajo, seguramente, como el tío Gilito, con el símbolo del euro grabado en sus pupilas. Debió de ser la jornada más relajada desde que se embarcaron en su empresa. Pero faltaron dos que ni fueron a trabajar ni fueron localizados. Los dos que, una semana antes, se habían borrado de la peña porque estaban seguros de que no les iba a tocar nunca. Dos personas que pasaron ayer el día más perro de su existencia. Un día que nunca olvidarán. Por si se vuelven a ver en la encrucijada, que se verán, piensen en estos dos y en que la suerte es muy caprichosa. Como cantaba la Platería en los coros de Pedro Navaja: «Si naciste pa' martillo, del cielo te caen los clavos».