Por un puñado de dólares

| XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS |

OPINIÓN

NO CABE pedirle al BNG que construya el AVE, ni que use sus dos diputados en el Congreso para echarle un pulso a los 10 de CiU, a los 8 de ERC, a los 7 del PNV, a los 3 de Coalición Canaria y a los 164 del PSOE. Tampoco hay que esperar que Paco Rodríguez tenga la habilidad suficiente para que, sentado en una mesa de póker frente a Zapatero y a sus socios territoriales e ideológicos, consiga desequilibrar la partida presupuestaria a favor de Galicia. Y por eso insisto tantas veces en que se dejen de mandangas y que, en vez de emular las fazañas de aquel viejo conseguidor llamado Fraga Iribarne, que visitaba catorce ministerios en un día, se pongan a gobernar con diligencia y tesón la casa de San Caetano. Si los gallegos quisiésemos entendernos con Zapatero a través de intermediarios en vez de hacerlo directamente, le habríamos dado dos escaños al PSOE y diez al BNG. Y si nuestra esperanza estuviese en el «potencial de chantaje», en vez de estar en la buena administración y el buen gobierno, es evidente que hubiésemos llevado a Quintana, y no a Pérez Touriño, a la presidencia de la Xunta. Por eso creo que hay un error de base en el discurso que trata de vender muy caros los votos al presupuesto, mientras aprecio un acierto muy notable en la forma en que el propio Quintana se refirió a los presupuestos de Galicia para el 2006. Porque la gran lotería que nos puede tocar a los gallegos no está en adelantar un año el viaje inaugural del AVE, sino en librar a la Administración de parásitos y gastos suntuarios, reconducir la Cidade da Cultura, frenar al gasto sanitario, replantear la política forestal, redefinir el mapa universitario, construir residencias para la tercera edad, enseñar inglés en las escuelas, moderar el mercado de la vivienda, reconducir el caos territorial, reformar la estructura municipal, poner fin al localismo y al clientelismo, y otras cosas por el estilo. Por eso he criticado en Touriño su terco empeño en avalar el modelo de discurso cutre y mendicante nacido del Plan Galicia. Y por eso le pido al PSOE y al BNG que, en vez de seguir empobreciendo la política de Galicia con una agenda de importación y con promesas milagrosas que siempre terminan en frustración, empiecen a vertebrar la autonomía y a gastar con sentido de país los 9.500 millones de euros de nuestro presupuesto. Aunque todo lo que digo es una obviedad, no tengo muchas esperanzas de que mis consejos tengan efecto y pongan fin a las procesiones rogativas. Pero, ya que tal ventura no va a suceder, pido al menos que no vendan el país por un puñado de euros. Porque montar tanto lío y tanta enjundia por 30 millones de euros es para correrlos a gorrazos.