El próximo jueves, con La Voz, una nueva edición de la Guía de Másters de Galicia
LA HUELGA del transporte, pasados once días desde su inicio, se desliza por la pendiente de la peor muestra de minifundismo galaico. El consumidor que sufre la escasez de productos frescos o el trabajador de la construcción amenazado de regulación no están para argumentos, y menos cuando la supuesta negociación es un galimatías de porcentajes y razones que son distintos para la madera, la leche, el pienso o el hormigón, en la que las asociaciones adolecen de falta de representatividad y las grandes empresas propugnan acuerdos a medida. De igual forma, lo que ha valido para zanjar una fugaz huelga en el resto de España es papel mojado en Galicia. Este paro, que pudo suscitar comprensión en sus motivos, ha tomado el cariz de injusta huelga salvaje.