EL PRESIDENTE Bush ha quedado muy tocado. El pobre está que no levanta cabeza desde que la Cumbre Iberoamericana de Salamanca le sacó los colores con lo del embargo, el bloqueo, o como quieran llamarle, a Cuba, y lo del destino del terrorista Carriles. El presidente nortea-mericano ha entrado en una etapa de insomnio profundo tras conocer el contenido de las dos resoluciones. Porque George es persona de una sensibilidad extrema. Palabra. No lo parece, pero lo es. Le afecta muchísimo que sus colegas le insinúen lo que ha de hacer y que le digan lo que no hace bien. Le afecta tanto que no es la primera vez que piensa en rectificar en sus planteamientos, aunque al final nunca lo haga. Así que en esta ocasión, con la declaración y las manifestaciones, sus colegas iberoamericanos lo han llevado al límite. Hasta el extremo de que, visto lo que podía ocurrirle, tomaron la sabia decisión de dulcificar el contenido de las resoluciones de advertencia al país de dirige con tanto acierto y tan buena mano. Debió de ser por eso. Por si le sentaba mal y se le cortaba la digestión. Porque si no, resulta inconcebible que la Cumbre se despachara el histórico desprecio a las libertades de los cubanos como se los despachó. Con la misma tibieza con la que un niño se despacha una piruleta. Así que vamos a dejarnos de bromas de declaraciones diplomáticas y de zarandajas. Y digámoslo claro. Estamos ante uno de los personajes más deleznables que la historia nos ha echado en cara. Ante un déspota que lo mismo arrasa un país que mantiene en el Gulag de Guantánamo a prisioneros de guerra. Y creíamos llegado el momento de decir que este tipo de dirigente rústico y sanguinario no puede tener cabida en este mundo. Y eso tenía que haberlo dicho la Cumbre de Salamanca. Esa que, según parece, ha sido un éxito rotundo.