El cambio turco

| CARLOS G. REIGOSA |

OPINIÓN

LO DE TURQUÍA puede acabar por tener gracia. Mientras numerosos políticos europeos (sobre todo franceses y alemanes conservadores) desgranan sus reticencias a la entrada de ese país en la Unión Europea, pudiera estar fraguándose una sorprendente alianza en Turquía que literalmente desechase esa entrada. Lo digo porque podríamos estar equivocándonos al mirar clichés de hace quince años, cuando el Gobierno turco se desvivía por formar parte de la UE. Hoy no está tan clara esa pasión entre la propia clase dirigente y entre una buena parte de la población. Han quedado atrás los tiempos en que se confrontaban las fuerzas islamistas con las laicas, éstas apoyadas por el Ejército. Hoy ya son muchos los islamistas y los militares que están contra la integración de su país en la UE, aunque todavía no todos lo manifiesten públicamente. La cuestión que se les plantea, ante las muchas condiciones que impone la Unión Europea, es transformarse en un país europeo (o casi) o ser una Turquía que busca sus orígenes y se reconoce en ellos y en su evolución. Una cuestión más compleja de lo que parece, ya que la oscuridad aumenta a medida que se profundiza en el dilema. Porque más allá de los deseos está el precio que éstos tienen y lo que hay que sacrificar para conseguirlos. Y no todos los precios valen o compensan. De algún modo, es la propia cuantificación la que alimenta el debate. La Unión Europea debate si acoge a Turquía en su seno, y Turquía debate si le compensa pagar determinado precio por ser acogida. La realidad es que, si miramos la evolución turca en los últimos quince años, caben pocas dudas de su deseo de integrarse. Pero si nos fijamos en la actualidad en que han desembocado esos quince años, las cosas ya no están tan claras. Porque la tendencia estaría apuntando hacia una reafirmación turca poco compatible con las múltiples y diversas exigencias comunitarias. De modo que pueden estar tranquilos Nicolás Sarkozy y Angela Merkel (que no son los únicos que se oponen al ingreso) porque las cosas están cambiando y todavía no es predecible en qué dirección se acelerarán. Turquía sigue llamando a la puerta de la UE, pero nadie sabe cuánto tiempo más lo hará.