Sabina, Joaquín

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ

OPINIÓN

| O |

27 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

YA sabe que un tiro por la nariz es como un disparo en el corazón. Puede darle clases a Fernando León sobre Princesas. Cató lo burdo del burdel. Fue poeta antes que cantante. Cuando aún era Joaquín Martínez Sabina escribió en Granada sobre las higueras. Se ha pasado el Foro por el forro. Ahora vuelve con un disco, después del agujero negro de la depresión. Alivio de luto se titula. Su voz es un roto y un descosido. Es el rey del soneto. Prefiere los ciento volando que el buitre en la mano. Sueña con torear a cámara lenta como José Tomás. Se ríe de los que pasman ante Gran Hermano en vez de utilizar más la copulativa. Es atlético, rojo y blanco, manque pierda. Girará con su nuevo disco como hacen los cometas, fieles a una trayectoria. No se reinventa cada domingo, después de misa, o en cada gala, como los de OT. Prefiere ser un clown y no un clon. Es un sátiro con duende, un payo que parece gitano. Se ríe mucho de un tal Joaquín Sabina. Vive en Tirso de Molina, no en la calle Melancolía. Nunca se mudará al barrio de la Alegría. Conoce el plasma falso de los neones. En los Salesianos descubrió que un rosario también puede ser una soga. Siempre quiso llenar de sirenas los estanques. cesar.casal@lavoz.es