El próximo jueves, con La Voz, una nueva edición de la Guía de Másters de Galicia
COMIENZA un nuevo curso en las universidades gallegas. Es una magnífica ocasión para hacerse algunas reflexiones. La debilidad e insuficiencia en todo lo relativo a la investigación es algo sobre lo que los medios de comunicación vienen alertando en los últimos días. A mí me preocupa, y mucho, algo que vengo observando cada vez con mayor frecuencia e intensidad en los jóvenes que comienzan cada año sus estudios universitarios: vienen sin haber interiorizado dos ideas básicas para alcanzar el éxito en cualquier área de la vida, autoexigencia (o disciplina) y orden (desde saber tener ordenada la habitación hasta saber organizar los tiempos y ritmos del día, cada cosa en su momento). Eso explica la cada vez más abultada cosecha de calabazas que se produce en junio y que las carreras vayan mucho más allá de la duración planificada por las autoridades académicas. Junto a todo eso, vengo observando también que el umbral de frustración cada vez está más bajo, que los chicos cada vez se agobian y deprimen más fácilmente. Me hace pensar mucho también el que el tema religioso no interese a nuestras universidades (justo cuando tanto se habla del diálogo interreligioso como ingrediente indispensable de una hipotética alianza de civilizaciones) o el hecho de que Galicia carezca de una Facultad de Teología de verdad, pues aun cuando el Instituto Teológico Compostelano otorgue en estos momentos el título de licenciado no puede considerarse como tal, por muchas razones. Respecto a esto último, habría que preguntar a los obispos de Galicia por qué cultivan el minifundismo teológico, por qué ellos -que tantas veces apelan a la unidad del género humano- no son capaces de organizarse y situar a todos los seminaristas en Santiago como alumnos de una sola facultad de Teología. Sería también muy interesante conocer las causas por las que las autoridades de dicho Instituto Teológico prescinden del mejor teólogo gallego, Andrés Torres Queiruga: a lo mejor es que están más preocupados de alcanzar una mitra que se les resiste que de hacer verdaderamente un centro universitario de excelencia.