El Nano

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ

OPINIÓN

YA está en lo más alto del cajetín. Ahora sí que se ríe de Janeiro. Es campeón del mundo a los 24 años. Lo logró antes que la selección española de fútbol, que siempre es mucho más favorita que él en cada Mundial y luego: nada de nada. Pero es que Alonso y Renault no improvisan como hacemos en el fútbol. Como nunca seremos campeones del mundo de fútbol, hay que alegrarse porque somos los reyes del asfalto. A su rival, Raikkonen, le llaman el hombre de hielo por su aliento de nevera. El Nano no es para menos y, en vez de corazón, parece que tenga un iceberg alojado en el pecho. Demostró que los españoles también sabemos tirar la caña y esperar a que piquen. Ya está bien de tanta furia española, de tanto embestir como Victorinos, para rompernos los cuernos, de bla, bla, bla para, a la hora de la verdad, no dar palo al agua. Ya era hora que alguien pusiese la sangre a enfriar, como sangría. Alonso ganó con la calculadora en la mano, que es como se hacen las grandes fortunas. Ayer el Nano nos enseñó a todos una lección. Después de tanto Cid perdedor y tanta épica para nada, no hay nada como ganar aunque sea de tercero. El Nano fue el mejor en el 2005 sobre las bombas de gasolina. cesar.casal@lavoz.es