Un cachete

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ

OPINIÓN

UN cachete no es un tortazo. Un cachete es un cachete. A los niños hay que protegerlos al máximo. Odio la violencia. Pero veo cómo, en los parques, hay críos que dan órdenes a los adultos, en escenas dignas de pequeños dictadores. ¿Cómo serán más adelante esos niños que hacen lo que les da la gana, amparados en la típica disculpa: es muy pequeño, hombre?, ¿Alguien será capaz de imponer un mínimo de disciplina a ese chaval cuando tenga 16 años y ya no haya quién le tosa? Es esa permisividad exagerada para preservar la virginidad emocional del pequeño, su paraíso original, la que más tarde los convierte en adolescentes imposibles de domar ni en casa ni en el colegio. El colegio le echará la culpa a la familia y la familia, al cole. Con los hijos queremos mirar tanto para otro lado que somos perfectos ciegos. A los niños se les pueden imponer castigos razonables. Mis padres lo hicieron conmigo. Y si no es suficiente, la amenaza del cachete o el mítico «te voy a dar con la zapatilla» evitará que el cachete real tenga que llegar. La violencia es repugnante. Pero tampoco sirve de nada crecer en el aplauso. Hoy a los niños les hacemos la ola hasta con las cafradas. Educar no es consentir. cesar.casal@lavoz.es