EL TRIPARTITO catalán continúa enredado en la reforma del Estatuto y mientras tanto sigue aplicando su modelo cultural y económico para Cataluña, sin que, al parecer, la caída en los índices de bienestar y crecimiento económico que experimenta esa Comunidad en los últimos años les haga variar su derrota o, al menos, plantearse una corrección. A la obligación de rotular en catalán los carteles exteriores de los comercios y la recomendación de hablar en ese idioma en las actividades cara al público, se añaden las medidas lingüísticas de la Generalitat para que tengan un alto grado de dominio del catalán los candidatos a los puestos docentes de sus universidades. Hasta ahora, la ley de política lingüística concede a profesores y alumnos de los centros de enseñanza superior «el derecho de expresarse en cada caso, oralmente o por escrito, en la lengua oficial que prefieran». A partir de las nuevas disposiciones, ese «alto dominio del catalán» exigible a los docentes va a suponer una seria barrera para que accedan a la enseñanza los mejores en cada materia, aunque sí lo harán los más duchos en esa lengua. Con esta medida la universidad catalana continuará el camino de la endogamia académica, después de haber visto en los últimos años como ha descendido su número de alumnos del programa Erasmus, en beneficio de otras universidades que imparten las asignaturas en castellano porque es el idioma que quieren aprender mayoritariamente los extranjeros que acuden a sus aulas. Otro tanto puede pasar con el empeño de los independentistas de ERC de doblar obligatoriamente al catalán todas las películas. Como ha subrayado con ironía el cineasta y ex presidente de la Academia de Cine Antonio Giménez Rico, «si quieren acabar con el cine en catalán, el doblaje a esta lengua de todo lo que llegue de Estados Unidos es lo más eficaz, eso seguro». También contribuirá a ese etnocentrismo lingüístico la reciente obligación a las televisiones privadas nacionales para que en sus emisiones en digital un porcentaje de los contenidos de los programas grabados esté doblado a otro idioma español distinto al castellano. Además de fomentar el monolingüismo y empobrecer a los ciudadanos de las comunidades bilingües, los de ERC quieren entorpecer el sector privado de la televisión nacional. Un doble empeño que les puede salir redondo si el PSOE sigue encerrado en su puñado de votos.