Obsesión

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

SI EN vez de gravar los combustibles, el tabaco y el alcohol, se gravase la imprudencia y la incoherencia, aquí viviríamos felizmente a cuenta de dos o tres. Tendríamos financiada la sanidad, la educación, las copas del fin de semana y las vacaciones de verano. Pero aquí la tontería y el desatino, no sólo no se grava, sino que además se recompensa. Un ejemplo. El señor presidente de la Junta de Extremadura, que según parece es un trabajo como otro cualquiera, acaba de comparar a los nacionalistas con los terroristas de ETA. Eso sí, en deslealtad. Pero los ha comparado y lo ha hecho, nada menos, que en un discurso institucional. Y ha quedado tan ancho y ufano. Quizás se ha quedado hasta satisfecho por su ingenio de poner en la misma peana a unos tipos que razonan como usted y como yo, aunque piensen diferente, con otros que sólo hablan con tiros en la nuca. Pero es que el señor presidente de Extremadura tiene una obsesión enfermiza con los nacionalismos. Les ocurre a otros muchos. Unos se van a Argentina a hablar de «la balkanización española», a propósito de los nacionalistas independentistas, y otros se quedan por aquí alertando del desguace del Estado, también por culpa de los nacionalistas. Y es que están empeñados en convencernos de que Carod, Quintana e Ibarretxe tienen la culpa de todo. Del huracán Katrina , de los tornados de Barcelona y de la corrupción en Ucrania. Aunque la realidad nos dice otra cosa. La realidad nos dice que los nacionalistas en este país ejercen desde los cargos institucionales la competencia que les corresponde. Que los nacionalistas están demostrando cordura y responsabilidad institucional. Y que aquí el único irresponsable es el que compara a un etarra con un nacionalista. Sobre todo, cuando quien lo hace preside una comunidad autónoma.