EN 2005 la internacionalización de la pesca gallega, derivada de estrategias empresariales frente a las 200 millas de Zona Económica Exclusiva, es reivindicada mayoritariamente. Pero no siempre fue así, y las normas del nuevo Derecho del Mar aprobadas en 1984, y sus efectos sobre uno de nuestros mitos más queridos -el mar próspero- nos llevaron a uno de los más estériles debates para nuestra economía. Que hoy, pero no hace apenas diez años, esa reivindicación pertenezca al ideario común, no quita retrasos en la comprensión de otros problemas de nuestro mar velados por aquel conflicto. Contrasta este pasado de negación de realidades con recientes noticias de una expedición científica del B/O Hespérides . Expedición con cuyos resultados se pretende apoyar la estrategia española para ampliar los límites de nuestra plataforma continental territorial. Estrategia acorde con la de los 119 países signatarios de la Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, y acogida a la modificación de la definición de Plataforma Continental realizada en 1982. Modificación que amplía la definición geológica, con su límite en el talud continental, lo que permite que la plataforma continental territorial de un país se extienda hasta 350 millas desde su línea de costa. La estrategia iniciada por el presidente Truman en 1945 de reivindicación exclusiva para su país de los recursos marinos de su plataforma continental, dio lugar a un amplio desarrollo del Derecho del Mar, y con ello a disponer de instrumentos que permiten resolver reclamaciones sobre la propiedad de los recursos oceánicos. Derechos de explotación que, con el desarrollo tecnológico alcanzado, podrían originar conflictos permanentes entre países, cuya frontera marítima puede establecerse en 100 millas desde la línea de los 2.500 metros de profundidad. Con la noticia de la expedición Breogan del B/O Hespérides, aflora la reivindicación de una nueva frontera del mar amparándonos en ese derecho marítimo tanto tiempo cuestionado. Estrategia que ayudará a situarnos en la realidad internacional y, asumiendo esa realidad, liberar tiempo y dedicación para analizar los problemas y buscar remedios para gestionar el mar gallego. O lo que va quedando.