EN NOMBRE de España. Algún día habrá un político en este país que no tenga miedo a expresarse así, ante el sarampión nacionalista que yo me temo terminará por imponerse hasta en Castilla y León, por poner un ejemplo inesperado. Razonable: en cuanto un nacionalista controla un curruncho, si lo administra bien en colaboración con los poderosos, influye más que Mario Conde antes de que le calzaran grilletes. Debería ser alguien con personalidad y pedigrí democrático suficiente como para ser el contrapeso de los Rodríguez Ibarra que tenemos sueltos. El extremeño acaba de hacer unas declaraciones donde, en su desatino, llega no digo que a meter en el mismo saco pero sí en la misma línea tipográfica a aquellos de 1978 que calificaba de falsos: «Los asesinos ocultaron su instinto criminal y los nacionalistas periféricos su instinto independentista». Será difícil recordar a cualquier etarra de aquellos tiempos que ocultara algo más que el mosquetón debajo del gabán. Anxo Quintana, haciendo honor a su concepción ideológica, también defiende en vísperas de la Conferencia de Presidentes una financiación sanitaria individualizada para Galicia. Tenemos, cuando menos, el consuelo momentáneo de que la vicepresidenta De la Vega pone cortapisas y asegura que en los nuevos Estatutos únicamente podrán aparecer principios generales sobre financiación, y por extensión supongo que la sanitaria, y a partir de ahí será necesario pactar entre todos y conciliar los intereses de todos. Habrá que esperar, no sea que, como tantas veces, el presidente Rodríguez Zapatero hace su propia reinterpretación del compromiso de su vicepresidenta, y abre otras vías bien diferentes. Viene haciéndolo, de hecho, no sólo con la financiación sino con todo lo que afecta al Estatuto de Catalunya. Todavía no ha querido, o no ha sido capaz, de fijar un marco a partir del cual negociar las grandes cuestiones de Estado, en las que dicho sea de paso, la doctrina Zapatero, además de invidualizada, en su caso, es manifiestamente escasa.