Miserias del rico

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

AHORA resulta que el país más poderoso del mundo esconde unas miserias y unas debilidades que no nos las imaginábamos los más pesimistas. Ocurre que la primera potencia mundial, la que se encarga de mantener la paz y el orden, la que nos protege de dictadores y sátrapas, abandona a sus ciudadanos y los sumerge en una pesadilla, típica de la tierra más depauperada del planeta. Porque las imágenes de desesperación y abandono que nos están llegando del sureste norteamericano, especialmente de Nueva Orleáns, y que nos hacen temblar de pavor, no son las que se corresponderían con la primera potencia mundial. No se ajustan a la imagen que nos transmiten de opulencia del país en el que se mira media humanidad. Estamos ante falta de asistencia, ausencia de medios, reacción tardía, apatía y abandono, en una administración que se ha apresurado en su historia reciente a poner orden, o desorden que no sabemos muy bien lo qué, allá donde surgía el menor contratiempo. Habrá quien entienda que poco puede hacerse ante un desastre natural. Que son cosas del destino. Y estará en lo cierto. Pero, a diferencia de otro tipo de acometidas, el huracán Katrina fue descubierto, estudiado, analizado, fotografiado, televisado y anunciado con tiempo suficiente como para que no ocurriera lo que está ocurriendo. Si esa administración tan diligente en invadir y devastar países, lo hubiera afrontado con la misma decisión con el que se enfrentó a Sadam, los muertos y los desaparecidos no se contabilizarían ahora por miles. El prestigio del amigo George pasa por un mal momento. Y eso nos preocupa profundamente porque para recuperarlo este tipo es capaz de hacer la mayor de las barbaridades imaginables. Como por ejemplo, invadir otro país. Aunque a su lado sigan muriendo miles de personas por desidia e inanición.