OCURRE habitualmente, pero esta vez también. La catástrofe generada por el huracán Katrina ha seguido el guión implacable que le escribió la naturaleza. Pero la palma del guión narrativo se la han llevado los medios de comunicación del mundo entero, sobre todo las televisiones. Será difícil olvidar aquellas imágenes que nos ofrecían la ciudad de Nueva Orleans con todos sus edificios en pie y su mar tranquilo, cuando ya todos sabíamos que hacia ella se dirigía uno de los peores huracanes de que hay memoria. También será difícil olvidar aquellos atascos de tráfico cuando se ordenó la evacuación de una ciudad todavía no sacudida por el brutal embate. Todo lo pudimos seguir como la crónica de una destrucción anunciada. Y el guión, el de la naturaleza y el de la televisión (al cabo, el mismo), se cumplió dramáticamente. El huracán se abatió sobre los Estados de Luisiana, Misisipí, Alabama y Florida como una pesadilla enfebrecida y letal. Ahí empezó el drama de los muertos y los desaparecidos (las cifras todavía no son fiables), las noticias de las ciudades arrasadas, la sucesión de ruinas, el rostro del caos. Las redes de comunicación dejaron de funcionar y las reservas de agua potable empezaron a escasear. Las casas desaparecían: los negocios, las esperanzas... Todavía continua la evacuación de Nueva Orleans, la ciudad inundada. Los medios de comunicación nos lo cuentan todo. Nos muestran la devastación. La hermosa ciudad de Biloxi yace deshecha. Millones de personas están sin luz eléctrica. La figura del refugiado o desplazado emerge, multitudinaria, en el cinturón geográfico de la catástrofe. Y nosotros seguimos viéndolo todo, escuchándolo todo, incluso lo de que Bush sobrevuela la región y promete toda clase de ayudas. Aún nos quedan muchas imágenes duras por ver, impactantes retratos de la desgracia, expresiones brutales de la naturaleza. Pero también nos quedan las del tesón de los vivos, las de la firme determinación estadounidense de mitigar cuanto antes el daño. Estamos en tierras sureñas. Sus gentes saben de adversidades y cómo afrontarlas. Y todo EE. UU. es una gigantesca maquinaria que ya se ha puesto en marcha. Lo televisan. Véanlo.