El próximo jueves, con La Voz, una nueva edición de la Guía de Másters de Galicia
SU apellido es tan largo como el gol increíble que le hizo a Inglaterra. Maradona tenía el reloj del corazón roto, reventado. Lo conectaron a una máquina, una máquina respiraba por él. El parte médico decía que el paciente sufre «una hipertensión arterial y recibe medicación de apoyo hemodinámico y, al presentar insuficiencia ventilatoria, fue motivo de entubación, por lo cual se encuentra sedado». El niño de Villa Fiorito, Dieguito, el pibe de Oro, la mano de Dios, el hombre que mantenía en el aire una mandarina con su pie izquierdo, los rizos de Maradona en la boda de tu hermano. Te dejabas el pelo como Maradona, querías ser como Maradona, el mundo de la pelota, tus sueños de pelota, giraban alrededor de él. Y Maradona en aquella mañana gris, ceniza, estaba en un hospital conectado a unos tubos tras una crisis cardíaca. Maradona, el más grande, el Jordan del fútbol, el hombre que licuó la sangre del santo sobre el campo del Napoli, que ganó la Uefa en el 89 con Careca y Di Napoli contra el Stuttgart de Klismann, que fue campeón del mundo. Maradona se abraza ahora al instinto de vida, a sus hijas. Da gusto verlo en la televisión junto a Pelé. Vuelve a ser un hombre diez. Ojalá que por mucho tiempo. cesar.casal@lavoz.es