COMO estoy lejos, no me he enterado bien. Parece que hay o ha habido una cierta discusión sobre si nuestros soldados caídos en Afganistán fueron víctimas de un accidente o de un ataque enemigo. La muerte por cualquiera de las dos causas forma parte del horizonte sobre el que se montan la vida, la formación y los valores de cualquier militar. Pero, por lo que sea, en este caso era más conveniente, desde el punto de vista político, el accidente que el ataque. Tengo razones para suponer que fueron derribados, pero me importa sobre todo que no se repita: que seamos capaces de reconocer lo sucedido y aprender. Esto, en general, los militares lo hacen bastante bien si se les deja en paz. No así los civiles, que llevamos muchas más bajas de gente joven en las noches de fin de semana que muertos americanos en toda la campaña de Irak. Parece que ni aprendemos ni hacemos nada: nos limitamos a mandar cada viernes a nuestros chicos a ese frente sin gloria posible, para que quizá mueran borrachos en cualquier cuneta. Así una semana tras otra. Discutimos si caen 17 en la guerra, porque no queremos que nuestros chicos den la vida por defender nada ni a nadie, sino con el cubata puesto y en nuestra acera. psanchez@udc.es